La mancha

No he podido dejar de reirme en un rato con esto que publican en El Pito Doble:

¡Hola mundo! (Otra vez)

Creo que todos los que abrimos un blog tenemos el sueño de que en más o menos poco tiempo sean miles las personas que entran a leerte a diario, que comentarán y generarán debates, que menearán tus entradas, se suscribirán al RSS  y te recomendarán por donde quiera que pasen.

Esto está bien, porque si no tienes esa ilusión creo que de poco servirá estrenar blog. Es más tarde cuando uno se cae de la parra y se da de bruces contra la realidad. Salvo que seas un auténtico gurú o tengas una red de contactos importante, los primeros meses de vida de tu blog serán más bien aburridos. La cuestión es no obsesionarse, y yo lo hice. Me aburrí esperando que llegase gente a leerme, sin pararme a pensar que:

Nadie me conoce en internet
Mis contenidos despiertan tanto interés como el apareamiento del armadillo albino
Mis conocimientos sobre SEO son limitados

Y cerré el blog.

Mejor dicho, lo abandoné. Hace poco estuve en una charla sobre redes sociales que me hizo pensar. La ponente mostró en la pantalla una foto de un perro recostado y con los ojos cerrados. Y preguntó: ¿está dormido o está muerto? En la realidad podrías ver o sentir de alguna forma la respiración del perro y determinar que solo duerme. Pero internet es distinto. Aquí, directamente, estás muerto. Ya nadie vuelve y la tarea de resurgir se hace aún más complicada.

De modo que en esta, mi enésima andadura bloguera, lo tengo jodido. No obstante, lo intentaré. Espero …

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